Dicen que Méjico se escribe con x

Escribir México con la letra x parece ser la norma indiscutible para la persona promedio hasta que nos encontramos con los incendiarios debates en internet, los esfuerzos por mantener la coherencia del español escrito y los diversos usos literarios, educativos, políticos que se dan dentro y fuera del país.

Pero ¿a qué se debe esta confusión? Es curioso que no se observen debates similares en torno a la escritura de otros nombres de países, como podría ser «Harjentina» o «Volibia», que vayan más allá del uso inapropiado de las letras para denigrar a un país. Esto sugiere que hay algo más en juego que simplemente la grafía de un nombre.

El origen del debate

Como tantas cosas en el país novohispano, hay que remontarnos a la fundación del virreinato para hallar el germen de la discordia.

El nombre original de México proviene del náhuatl Mēxihco, que usaba una vocal larga /e:/ y se pronunciaba con una fricativa prepalatal sorda /sh/ (como en inglés sheep). Con la llegada de los españoles, esta letra se representó con una x, que en ese momento tenía un sonido similar. Sin embargo, con el tiempo, el castellano fue perdiendo este sonido y, dependiendo de la región, lo sustituyó por otro fricativo velar sordo /x/ (como en jamón) o por una fricativa glotal sorda /h/ (como en harto en algunas regiones). Esto provocó confusión y algunos hispanohablantes empezaron a modernizar la escritura de Méjico con j, para conservar la coherencia entre pronunciación y escritura.

La Real Academia Española (RAE) favoreció esta forma durante mucho tiempo y no fue hasta 1992 que reconoció que podría escribirse con x, pero siempre prefiriendo Méjico con j. Finalmente, en 2001 la institución estableció la recomendación de escribir México con x, respetando así el uso habitual de la nación.

Los argumentos

Hay argumentos que defienden la escritura con x, sobrando mencionar que es la norma predominante. Por un lado, se destaca su uso como un símbolo distintivo del nacionalismo mexicano, en contraposición al de otras naciones hispanas, con lo que mantiene su independencia lingüística sin generar demasiada controversia con el resto de la hispanósfera. También se argumenta que esta escritura reivindica el origen náhuatl de la palabra, aunque es irónico que la escritura con alfabeto latino haya sido una introducción española, sin importar las letras utilizadas. Por último, el nombre se pronuncia igual en todo el mundo hispanohablante y no hay ningún problema ni dificultad para leerlo o escribirlo correctamente, por lo cual no habría razón para simplificarlo o modificarlo.

La propuesta de escribir México con j en lugar de con x se basa en argumentos lingüísticos y prácticos. En particular, que la letra j representa el sonido real de las palabras en español y evitaría confusiones con otras palabras que se escriben con x pero se pronuncian con «s», «ks», «sh», tal como sucede en otros topónimos de origen indígena, por ejemplo, Xochimilco, Xola, Taxco. Esta adaptación a la realidad lingüística actual no significaría renegar de la historia y de la cultura, sino más bien actualizar el presente y proyectar el futuro como hablantes de una lengua viva y dinámica. Por ello, se propone escribir Méjico con j para facilitar la comunicación y el aprendizaje del idioma, sin dejar de afirmar la identidad como mexicanos en un mundo diverso y en constante cambio, ante el arcaísmo y permanencia inamovible de la grafía con x.



¡¿Mégico?!

Aunque también es posible según las reglas ortográficas y fonéticas del español, la grafía «Mégico» se ha relegado a un segundo plano en la historia, y no es reconocida por las principales instituciones encargadas de regular el idioma.

No obstante, existen algunas obras publicadas en México que incluyen esta grafía, aunque se restringen al siglo XIX o anteriores:
  • Compendio de Historia de Megico, Desde Los Tiempos Primitivos Hasta La Muerte del General Don Agustin de Iturbide En 1824, Para Use de Toda Clase de Personas, Particularmente Para La Juventud Megicana, de Mariano Galván Rivera

  • Historia Antigua de Mégico, de Francisco Javier Clavijero

  • Ensayo Histórico de las Revoluciones de Mégico, desde 1808 hasta 1830, de Lorenzo de Zavala

  • Bosquejo Ligerísimo de la Revolución de Mégico, de Vicente Rocafuerte

Como observación, resulta peculiar que la mayoría de las publicaciones que contienen la grafía Mégico fueron impresas en un período cercano a la guerra de independencia de México. Sus reediciones recientes han sustituído esta grafía por las aceptadas en la actualidad.

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